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Cómo Eliminar Las Barreras A Las Pruebas De COVID Para Trabajadores Agrícolas

Ante la falta de acceso a las pruebas para muchos trabajadores esenciales que son vulnerables, un grupo de investigadores se asoció con una clínica local para organizar eventos de pruebas de la COVID-19 en la ciudad de Rantoul, en el centro de Illinois.

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Durante más de una década, Saraí ha sido una trabajadora agrícola que ha cultivado maíz y soya en los campos del centro de Illinois. Se mudó de México a los Estados Unidos para encontrar un trabajo que le permitiera mantener mejor a su familia.

Ser trabajadora agrícola es la cosa más hermosa, dice Saraí en una entrevista en español. Ella pidió ser identificada sólo por su nombre de pila, ya que es indocumentada.

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El grupo de investigadores voluntarios se reúne para discutir los planes antes de un evento reciente de pruebas de la COVID-19 en Rantoul, Illinois.

Sin embargo, últimamente Saraí no ha estado trabajando en el campo, sino que se ha concentrado en apoyar a sus tres hijos con las clases virtuales de la escuela. Y aunque no ha tenido el virus, Sarai conoce a muchas personas que se han enfermado. Dice que el año pasado fue muy difícil y triste para muchos trabajadores agrícolas debido a la pandemia.

Se han registrado decenas de miles de casos de la COVID-19 y cientos de muertes entre trabajadores agrícolas y de las plantas de carne en los Estados Unidos. Debido a que no se ha implementado un sistema oficial de seguimiento, es probable que estas cifras – basadas en gran medida en los informes de los medios de comunicación – nos den un recuento insuficiente.

Y, aun así, los trabajadores agrícolas como Saraí tienen muchas dificultades para acceder a la herramienta más básica para combatir la propagación del virus: hacerse la prueba.

Saraí, por ejemplo, solo se ha hecho la prueba una vez desde el comienzo de la pandemia. El centro de pruebas más cercano está localizado en el pueblo de al lado, y sin tener coche propio ni transporte público, tuvo que pedir prestado el vehículo de un amigo para llegar hasta allí.

“Muchos trabajadores agrícolas trabajan y viven en regiones rurales que a menudo se encuentran muy aisladas del país”, dice Diana Tellefson Torres, directora ejecutiva de United Farm Workers Foundation (Fundación de Trabajadores Agrícolas Unidos), con sede en California.

Además de vivir lejos de los lugares donde se realizan las pruebas, estos trabajadores a menudo carecen de acceso a información confiable en su idioma y generalmente desconfían del sistema de atención de la salud. Y faltar al trabajo para hacerse una prueba, o para aislarse o ponerse en cuarentena podría ser económicamente devastador.

El despliegue de las vacunas contra el coronavirus permite albergar la esperanza de que el fin de la pandemia está muy cerca. Desgraciadamente, el virus se sigue extendiendo por los Estados Unidos y se necesitan más esfuerzos para ampliar el acceso a las pruebas y crear confianza en la comunidad de trabajadores agrícolas, afirma Tellefson Torres.

Dice que estos esfuerzos también serán fundamentales para garantizar que estas poblaciones vulnerables y de difícil acceso tengan acceso a la vacuna cuando llegue el momento.

‘Carecen de ese tipo de acceso’

Al principio de la pandemia, Gilberto Rosas, antropólogo de la Universidad de Illinois, se sorprendió de lo fácil que le resultaba a él – un profesor que trabaja desde casa – hacerse una prueba en comparación con otros trabajadores más vulnerables en poblaciones muy cercanas.

Antes de realizar la prueba del hisopo nasal, los investigadores salen a saludar a cada visitante y les piden una forma de identificación básica e información de su salud.

Rosas trabaja en Champaign-Urbana, que tiene su propio programa de pruebas masivas para estudiantes y empleados universitarios. El campus se encuentra solo 15 millas al sur del pueblo de Rantoul, donde los brotes en una planta de procesamiento de carne y en un hotel que alberga a trabajadores agrícolas migrantes estuvieron entre los peores del condadoel año pasado.

“Podemos bajar dos tramos de escaleras, salir por la puerta trasera y hacernos la prueba”, dice Rosas, “mientras que estas personas que están en el frente -que trabajan en los campos, que trabajan en las plantas- carecen de ese tipo de acceso”.

Así que él y varios de sus colegas, que se habían propuesto estudiar la causa de la propagación del virus entre la comunidad agrícola, decidieron hacer algo para resolver el problema del acceso a la prueba.

Dado que solo son investigadores -y no profesionales de la medicina-, se asociaron con clínicas médicas de la zona para organizar eventos de pruebas del coronavirus en Rantoul. 

Anunciaron los eventos en inglés y español. El grupo también ha tratado de aprovechar sus extensas conexiones con la comunidad para aumentar la participación, dirigiéndose a las iglesias y organizaciones que atienden a la mano de obra inmigrante y agrícola de la zona.

Pero se frustraron debido a la escasa asistencia en muchos de sus eventos para realizarse la prueba. 

Por ejemplo, en un evento celebrado el lunes antes de la Navidad en el centro comunitario, sólo 15 personas acudieron a hacerse la prueba. Cuatro personas tuvieron resultados positivos, lo que representa una tasa elevada.

Barreras estructurales

Sofía Bolaños Robinette sospecha que hay muchas personas que no acuden a hacerse la prueba, aun cuando esté disponible en horarios y lugares muy convenientes, porque un resultado positivo podría ser económicamente devastador.

Bolaños Robinette ha trabajado con trabajadores agrícolas durante los últimos 10 años como parte del Programa de Educación para Migrantes de Illinois. Recientemente, se incorporó como investigadora, junto con Rosas y los demás antropólogos de la Universidad de Illinois, para estudiar cuestiones como las barreras a la toma de las pruebas.

Recuerda que el verano pasado ayudó a realizar pruebas de detección del coronavirus dirigidas a los trabajadores agrícolas que viajan a la región para realizar trabajos de temporada. La clínica trató de facilitar al máximo la asistencia de los trabajadores, estableciéndose fuera del horario laboral e instalándose justo en la puerta del campamento de inmigrantes que los albergaba.

Los investigadores se han sentido decepcionados por la baja asistencia a muchos de sus nuevos eventos para hacerse la prueba, a pesar de todos sus esfuerzos por hacer que las pruebas de la COVID-19 sean más accesibles para las comunidades más vulnerables.

“Pero algunos de ellos dijeron que ni siquiera querían hacerse la prueba, porque en el caso de que presentaran [un resultado positivo], tendrían que dejar de trabajar”, dice Bolaños Robinette. “y eso significa que no recibirán ningún ingreso monetario durante al menos dos semanas”.

“Eso es un gran problema, dice, especialmente para los trabajadores agrícolas que ganan la mayor parte de sus ingresos anuales haciendo este trabajo”.

Para los trabajadores agrícolas con salarios bajos, “cada céntimo cuenta”, dice Tellefson Torres, de la United Farm Workers Foundation (Fundación de Trabajadores Agrícolas Unidos). En pocas palabras, no tienen un sistema de seguridad.

“Cuando tienes que preocuparte por poner comida en la mesa para tu familia, a veces ese es el único objetivo porque no hay otra opción”, dice Tellefson Torres.

También existe el temor, dice, de buscar ayuda de las agencias gubernamentales, especialmente entre los trabajadores indocumentados. Les preocupa que buscar hacerse la prueba del coronavirus pueda poner en peligro sus esfuerzos por obtener una visa, lo cual no es cierto.

A pesar de que la poca participación del público en los nuevos eventos para hacerse la prueba en Rantoul ha sido inferior a la ideal, la antropóloga de la Universidad de Illinois Ellen Moodie – otro miembro del grupo que organiza los eventos- ha visto resultados. Afirma que los intentos de organizar “unas cuantas pruebas a pequeña escala, programadas de forma irregular y ubicadas en diferentes lugares” han marcado la diferencia para un puñado de personas que de otro modo no hubieran sabido que tenían el virus.

Sin embargo, su opinión personal es que Estados Unidos necesita una estrategia integral para hacer frente al virus y proteger a los trabajadores más vulnerables. Muchos expertos en salud pública han pedido a la administración de Trump que ejecute esa estrategia desde el inicio de la pandemia, y el presidente Joe Biden ha dicho que le dará prioridad en sus primeros 100 días de mandato.

En un documento publicado el jueves, Biden delineó una estrategia para abordar la COVID-19 que se centra en impulsar la producción y distribución de la vacuna. Incluye planes para abordar la escasez de suministro de materiales de las pruebas, implementar normas más estrictas para la seguridad de los trabajadores, extender las licencias remuneradas y reforzar de otro modo la red de seguridad de los servicios sociales. 

Implicaciones de la vacuna

Dice Tellefson Torres que sigue siendo fundamental fomentar la confianza de los miembros de la comunidad de trabajadores agrícolas, no solo para que más personas se presenten a hacerse la prueba, sino también para que eventualmente se presenten para vacunarse. 

Recientemente, en un evento virtual organizado por la United Farm Workers Foundation (Fundación de Trabajadores Agrícolas Unidos), Tellefson Torres dijo que escuchó de muchos trabajadores agrícolas de todo el país que están ansiosos por recibir la vacuna, pero otros tienen sus dudas.

La mayor preocupación que escuchó fue sobre el posible costo, especialmente para muchos de los trabajadores que carecen de seguro médico. Tellefson Torres dice que su organización está trabajando para hacer saber que la vacuna es gratuita para todos. 

Dice que otros se preocupan por la seguridad de la vacuna. “Uno de los grandes retos es también,/Algunas de las preocupaciones son “¿De qué está hecha esta vacuna? ¿Qué contiene o qué están poniendo en mi cuerpo? ‘” 

Eso es algo que también le preocupa a Saraí, la trabajadora agrícola de Illinois. Después de encontrar algo de información en línea, se preocupó de la posibilidad de tener reacciones adversas, por lo que no piensa vacunarse. 

Pero si alguien en quien confía le muestra pruebas de que la vacuna es segura, Saraí dice que podría cambiar de opinión.

La administradora de salud pública, Julie Pryde, dice que el Distrito de Salud Pública de Champaign-Urbana -que atiende al condado de Champaign, incluyendo el pueblo de Rantoul- planea trabajar con una clínica para migrantes apoyada por el gobierno federal para organizar eventos de vacunación que sean móviles dirigidos a los trabajadores agrícolas migrantes y los trabajadores de temporada.

Tellefson Torres afirma que este tipo de asociaciones serán fundamentales para garantizar que los trabajadores agrícolas, que se han enfrentado a tantos problemas y desafíos a lo largo de la pandemia, tengan un acceso equitativo a la vacuna.

“Las normas que se han implementado antes de la pandemia -de no dar prioridad a la salud de los trabajadores o a las necesidades básicas de la red de seguridad- deben ser abordadas tanto por los gobiernos estatales, locales y federales, como por los empleadores”, dice. “Estamos hablando literalmente de una situación de vida o muerte”.

Este reportaje fue producido por Harvest Public Media y Side Effects Public Media, en colaboración con el Midwest Center for Investigative Reporting.

Christine y Dana son periodistas de Illinois Newsroom. Sígalas en Twitter: @CTHerman y @DanaHCronin

Traducido por Cristina Seyler en colaboración con America Amplified. Si tiene alguna pregunta o inquietud sobre la traducción, favor de comunicarse por correo electrónico con Jennifer@americaamplified.org

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Christine Herman

Christine Herman

Christine Herman is a Ph.D. chemist turned audio journalist who covers health for the Illinois Newsroom. Her reporting for Illinois Public Media/WILL has received awards from the Illinois Associated Press Broadcasters Association, the Public Media Journalists Association and has reached both regional and national audiences through WILL's health reporting partnership with Side Effects Public Media, NPR and Kaiser Health News. Christine started at WILL in 2015.

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